Soy puta viciosa
Febrero 2, 2008
Aquel dÃa habÃa comenzado como tantos. Respondà a la llamada de mi amante para hacerme una paja para él a través de la webcam y me fui a trabajar. Rutina. Charlas con mi amante a través del messenger, saber que está al otro lado de la lÃnea me pone cachonda y me da seguridad. Aquel dÃa, ¿de qué hablábamos? ¡Ah, si! Sobre si mis pajas eran producto del vicio o de la necesidad, del hambre que pasaba, del tiempo que hacÃa que no cataba una polla. Son conversaciones que van dejando poso, que nos van haciendo que nos conozcamos mejor, que nos calientan y que inexorablemente nos llevan al sexo.
Con él me siento una puta viciosa, llegamos a la conclusión esa misma mañana, pero su puta viciosa, que quede claro. Nuestra relación está sustentada en el sexo, en el vicio, en el placer por el placer. Él me encuentra atractiva y deseable, le gusta ver como me muevo con el consolador en el coño buscando desesperadamente un orgasmo tras otro. Para cerrar la charla de aquella mañana me hice una paja en el despacho, llamándole a él en el momento en el que me corrÃa, es como nuestro sello de identidad una respiración entrecortada; un comentario intencionado nos llevan a seguir buscando sexo.
Soy suya y eso no lo dudo.
Poco después me llamó un amigo de San Sebastián. Bla, bla, bla… Yo acababa de correrme, mis pensamientos todavÃa estaban con mi amante. Me dijo que un amigo suyo estaba en Tenerife y que si le podÃa dar mi teléfono. Claro, porque no. Incluso me mandó una foto del tipo para que lo conociese, alguien anodino, una de esas personas que se pueden decantar hacia lo insoportable o hacia lo agradable con igual facilidad. Cuando se lo dije a mi amante, a mi dueño, me dio permiso y me animó a que comportarse como una auténtica puta, me empujó a que me lo follase y a que lo disfrutase aunque no podrÃamos cumplir nuestro pacto de llamarnos por teléfono en el momento de estar con otras personas ya que él estarÃa ocupado.
Me sentà libre y deseosa ante la posibilidad de follar realmente, pero también tenÃa dudas, prejuicios que nos inculcan y que tardamos años en liberar o que nunca llegamos a deshacernos de ellos. No obstante querÃa estar preparada para cualquier eventualidad y, cuando el tipo me llamó por teléfono confirmando la cita, como primera medida me rasuré el coño para dejarle el camino abierto a su lengua. Luego me vestÃ, estrené un conjunto de ropa interior que tenÃa guardado para una ocasión especial y me vestà sexy, pero no agresiva.
Desde que lo vi supe lo que iba a pasar. Era alguien agradable, anodino pero perfectamente válido para follar, por lo menos a primera impresión. Ya, desde que me dio dos besos de saludo, mi cabeza se llenó de sexo, me resultaba difÃcil seguir las conversaciones porque me estremecÃa cada vez que nos rozábamos accidentalmente; estaba claro que ambos lo buscábamos y el problema radicaba en encontrar el punto de unión de los deseos de cada uno.
Un bar, tras otro hasta que nos quedamos en la calle con todo cerrado. Era el momento, o eso parecÃa, al borde del mar, con su brazo sobre mi hombro y yo pasando suavemente las yemas de mis dedos por su piel. La situación requerÃa un beso, que no se produjo, pero, en su lugar comenzó una conversación interesante: sexo. Anécdotas y sucedidos que nos demostraron que ya estábamos los dos en el mismo terreno. Nos fuimos a su hotel. Yo conducÃa pensando en las alternativas que tenÃa: o esperar a que él me dijese algo o aparcar el coche y bajarme con él, dando por supuesto que yo estaba dispuesta. La solución, como suele suceder en estos casos, llegó sola ya que mientras aparcaba el coche él me dijo que subirÃa a su habitación, donde también por supuesto. Mejor asÃ.
Mientras subÃamos notaba como latÃan los labios de mi vagina y ya en la habitación, cuando me senté en la taza del water y dejé que se vaciase mi vejiga comencé a pensar en lo que pasarÃa a continuación. Ya no sé si tenÃa presente a mi dueño, a mi señor, sólo pensaba en la polla que me esperaba en la habitación de al lado. Pero también me sentÃa mal, un poco mal, sólo eso, un poco. Era un tÃo al que acababa de conocer, me sentÃa como una puta barata en un hotel con su cliente de aquella noche. Deseché rápidamente esas ideas y salà del cuarto de baño.
Sus primeros besos y caricias me recordaron que era una hembra y que al fin tenÃa un macho. Sentir su lengua en mi boca y sus manos en mi pecho difuminaron cualquier atisbo de prejuicio que pudiera quedarme y me entregué en busca del placer.
Nos quitamos los pantalones y me tumbó en la cama, yo tenÃa las piernas abiertas y mi coño buscaba su polla con insistencia. No la tenÃa del todo dura, pero ya me encargarÃa yo de ponerla a tono. Se ofreció a lamerme el coño y le dejé hacer, terminé de desnudarme y le entregue mi coñito recién rasurado empapado de deseo. Me lo comió bien, de atrás adelante, frotándome el clÃtoris que estaba sensible y deseoso. Yo cerré lo ojos y me dejé hacer, lo necesitaba.
Luego fue mi turno y me metà su polla flácida en la boca, no sé si recordaba la polla de mi amante que se la veo dura como un palo, la necesitaba asÃ, pero aquel tipo era incapaz de empalmarse como es debido. Me trabajé su polla con dedicación, el capullo, los huevos, pero nada, además de pequeña no se terminaba de poner dura. Pero no me importaba en ese momento, la querÃa en mi coño y ya me habÃa dado cuenta de que me serÃa muy fácil llevar la iniciativa. Lo monté y me metà la polla en el coño.
Conozco bien mi cuerpo y los resortes de placer que tiene. Me coloqué de forma que mi clÃtoris pudiese frotarse contra su pubis y asà completaba la carencia de aquella polla blanda que tenÃa dentro de mÃ. Era placentero, él estaba excitado, me agarraba por las nalgas y alababa la calidad de mi culo, yo le ponÃa las tetas en la boca y él chupaba con ganas. Eso me hacÃa falta y asà se lo demostré corriéndome enseguida; luego sólo me hicieron falta un par de movimientos certeros sobre su polla para que me llenase de leche.
Me dejé caer a su lado. Metà los dedos en mi coño y los saqué mojados de leche. Me los llevé a la boca y los chupé. Me daba igual que estuviese acompañada en la cama ya que necesitaba de momentos propios, momentos para disfrutarlos yo sola.
No tardé en tener ganas de más pero el reculó como un buey. Me dijo que serÃa imposible echar otro polvo tan rápido. A mi me daba igual, ya era yo la que mandaba, era yo la que estaba dispuesta a disfrutar y le utilizarÃa para ello. Me gustaba estar allà desnuda a su lado, no por él, si no por sentir otro aroma a mi lado, por poder hacer todo lo que tantas veces habÃa soñado. Charlábamos sobre nuestras experiencias sexuales y le conté como me habÃa estado metiendo una zanahoria en el culo para que, al encontrarme con mi amante de entonces me pudiese follar por ahÃ. Eso le calentó sobre manera y, sin decirme nada, se colocó encima de mà metiendo su polla en mÃ. Yo ya estaba empapada de mis flujos y de su leche por lo que entró fácilmente. Me entrelacé a su culo con mis piernas para ayudarle un poco, ya que su polla seguÃa siendo deficiente.
Me cambió de postura para follarme de lado, por detrás. Eso le gustó, a mi también me gusta y fantaseado mucho con mi amante para que cuando nos encontremos me folle asÃ, y asà terminó corriéndose pero a mi me dejó a medias.
No le di tiempo a que se quitase y casi le obligué a que me masturbara con sus manos, asà lo hizo y disfruté mucho.
Aquello habÃa terminado. Sexo por sexo. Le conté que estaba liada con mi dueño y que si él hubiese podido le tendrÃa que haber llamado para que me escuchara correr. El tipo no pareció entenderlo asà que ¿para qué más? Me duché y me fui.
Llegué a casa, me comà un yogurt y me metà en la cama.
Sólo dormà una hora ya que me despertó un sms de mi chico que me preguntaba si habÃa follado. Me conecté al messenger, desnuda, hembra, zorra caliente para mi chico y le conté mi aventura sexual. Y, como siempre pasa, una cosa llevó a la otra. Me hice una paja para él y volvà al trabajo, a la rutina, hasta que mi dueño me vuelva a requerir para que me masturbe para él, para que sea su puta viciosa.
Y asà lo haré.
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