Los hermanos mac polla
Febrero 2, 2008
Durante una de mis visitas a la capital, Sheila me presentó a un joven con el que me enrollé en una discoteca. Rubén era un chico joven, de unos veinte años y muy guapo. Cuando Sheila se fue con Andrea, decidà irme con él a su casa. Aquel fin de semana estaba sólo en casa con su hermano un año menor. Aquél, Paco, también habrÃa salido y no llegarÃa hasta las siete o las ocho de la mañana. Al llegar tomamos unas copas y luego nos pusimos un video porno. Nos fuimos calentando hasta que empezamos a meternos mano y a desnudarnos hasta que él acabo en slip y yo con mi conjuntito. Al poco, ya estábamos sobre la alfombra follando como locos cuando entró Paco. Nos quedamos de piedra, sólo eran las tres.
Demasiado tarde para esconderse. La situación ya hubiese sido chocante si yo hubiese sido del todo una muchacha, pero era imposible esconder mi polla tiesa a la que Rubén le estaba dando un trato especial. El hermano quedó tan estupefacto como nosotros, hasta que, sencillamente, se empezó a desnudar. -Siempre lo imaginé-, le dijo a Rubén. Le animé con un guiño y se acercó a mi, sentada sobre su hermano que estaba recostado en el suelo. Rubén protestó levemente ya que habÃa parado mi cabalgata sobre su pene cuando entró Paco; ahora, superado ya el primer momento, exigÃa la continuación. Lentamente, volvà a moverme sobre su tranca mientras descubrÃa la de su hermano. En mis manos estaba un precioso y prometedor pedazo de carne caliente que se endurecÃa por momentos. Me la llevé a la boca y noté como crecÃa en su interior.
Llegó un momento en que no pude alojarla más, cuando se retiró vi un nabo de dimensiones impresionantes. Más grande, mucho más que el que me estaba follando. El mayor de los hermanos seguÃa empitonándome a un ritmo que indicaba su próxima corrida. Paco, luciendo una polla imperial le animaba a que terminase, a lo que Rubén respondió con una soltada enorme en mi culo. Enseguida me salà del mástil, aún tieso, y vi sorprendida que Paco se acercaba a limpiarlo con su boca. Según parece, este ya conocÃa la parte gay de su hermano, pero nunca habÃa hecho pública la suya. El mayor, tan sorprendido como yo, titubeo un momento hasta que comenzó a acariciar la cabecita que tanto goce le daba.
Retozaban los dos en el suelo mientras a Rubén se le aflojaba. Paco acercó la lengua al ano del otro joven que le facilitó la tarea arqueando la espalda. Yo no sabÃa muy bien que hacer, dudaba entre irme discretamente o unirme a la fiesta. Mis dudas se disiparon cuando Rubén me indicó que me acercase. Tomó mi polla con la mano y se la tragó hasta las bolas. Me la estaba mamando tiernamente, suavecito, cuando Paco se echó sus piernas al hombro y apuntó su aparato al culo del mayor. Entró de golpe, sacudiendo a su hermano una embolada salvaje. Rubén soltó un gemido, pero pronto se acomodó a la caliente barra que lo atravesaba. Paco arremetÃa sin piedad contra la gruta fraternal mientras su propietario me dedicaba cariñosos lametones a todo mi sexo.
Aquello era maravilloso. Los recién descubiertos hermanos se acoplaban (literalmente) a la perfección. Al poco, yo estaba al borde de la corrida, y asà se lo hice saber a Rubén. Él se la sacó de la boca y, apuntando a su hermano, me pajeó rápidamente hasta que solté mi leche que fue a impactar en el pecho de Paco entre las risas de los dos chicos. Pero el menor se venÃa por momentos; su cara mostraba a las clara que era incapaz de retener el flujo de lefa que se le salÃa. Extrayéndola del prieto agujero, lo soltó todo sobre Rubén, que intentaba atrapar algo en su boca. Satisfechos y pringosos los dos, Paco se tumbó sobre su hermanito besándolo y lamentando no haber descubierto antes su identidad sexual compartida.
Vista la escena, recogà mi bolso y mi falda para irme, pero insistieron en que me quedase. Acepté y nos fuimos los tres a la habitacion de sus padres. Yo me metà en el servicio aprovechando para dejarles un rato a solas. Tomé mi tiempo y, sentada en la taza el váter, hojeé una revista de coches que andaba por allÃ. Al cabo de un rato, salà y me dirigà al cuarto donde se encontraban. Entreabrà un poco la puerta y los encontré como esperaba. Los muchachos se estaban montando un 69 fabuloso. Me acerqué a ellos y, ya sobre la cama, le lamà el culito a Paco, que era quién estaba encima. -Jódeme, Alicia-, atinó a decir. En un segundo, ya estaba yo de rodillas con mi polla apuntando al precioso trasero sin pelo del joven.
Una apretadita y el glande se hundió en la tierna carne abriéndose paso por el ojete del menor. Su respingo fue instantáneo y, él mismo se terminó de clavar en el falo. Rubén se revolvió y nos tumbó delicadamente de lado. Se colocó ante su hermano mostrándole el ano y se fue clavando el adorado pene poco a poco hasta que estuvimos los tres unidos por nuestras pollas. Montamos un magnÃfico tren en el que viajamos lentamente durante largo rato. Nuestras penetraciones estaban perfectamente acompasadas, calmas y profundas. Rubén, que hacÃa de máquina, apretó el ritmo buscando el orgasmo de su hermano que no tardó en llegar. Paco se corrió entre grandes gemidos dentro del recto del mayor apretando su esfÃnter tanto como podÃa. Esto fue demasiado para mi y también solté la leche dentro del precioso culito que acogÃa mi polla.
Rendidos por el cansancio, nos tumbamos de espaldas abrazados cuando notamos que Rubén se ponÃa tras nuestro, presto a cobrar su parte. Se dejó caer pesadamente sobre su hermano acertando de lleno el orificio por el que empezaba a rezumar mi semen y le dio duro unas cuantas veces. Inmediatamente hizo lo mismo conmigo que, aunque no estaba lubricado, ayudó la cantidad de lefa que mostraba su tieso nabo. Me usó como una muñeca, dándome por el culo más rápido y duro de lo que jamás me habÃan hecho. Próximo al fin se retiró, con gran disgusto por mi parte, y nos roció la espalda con su tibia corrida, para tumbarse entre los dos y quedarnos tiernamente dormidos.
A eso de las siete de la mañana sentà como la cama se movÃa. No pude evitar despertarme y ver de donde procedÃan los susurros que estaba oyendo. Se habÃan vuelto incorregibles, volvÃan los dos a besarse y lamerse todo el cuerpo mientras jugaban a tocarse las pollas sin manos. Viendo que me habÃa despertado se acercaron a mi y me quitaron el sostén negro que aún llevaba. Paco se puso a reseguir mi pecho con su lengüecita y Rubén hacÃa lo propio con mis piernas por encima de las medias. ParecÃan divertirse de lo lindo observando como mi cuerpo se estremecÃa con el paso de las dos húmedas vÃboras. El mayor habÃa llegado a los muslos, jugando con la sensible y depilada cara interna, mientras el hermano atormentaba mis pezones con sus mordisquitos. Alguno me puso dos almohadas bajo la espalda con lo que esta quedó arqueada y, más importante, mi ojete a la vista. Rubén curioseaba por toda la raja con la lengua llegando al agujero en donde se detuvo para prestarle una atención especial. Yo ya estaba más que salido, de lo que daba fe la empalmada que mostraba mi rabo, ahà se dirigió Paco; chupeteó la caperuza roja tragando de tanto en tanto un trozo de barra.
Me estaban deshaciendo los muy viciosos cuando el que besaba mi culo me esparció por él una gran cantidad de vaselina. Casi enseguida noté la entrada de un dedo en mi pocito y empecé a gemir como una gata en celo. En estas, el veinteañero plantó su glande en mi entrada y empujó. Entró sin pausa hasta el fondo, chocando sus bolas en mis cachetes. Paco se levantó y entonces vi la cara de placer del que me enculaba, que taladraba mi recto como si le fuese la vida en ello. El menor, mientras tanto, se plantó tras su hermano y le untó el culo con la misma crema que a mÃ. Rubén se dio cuenta de la fraternal idea y ralentizó un poco sus acometidas, que seguÃan siendo profundÃsimas.
Cada vez que tocaba fondo se retiraba hasta que notaba el capullo aprisionado en mis primeros músculos, entonces volvÃa a metérmela toda otra vez. Le abracé con mis piernas, lo cual le obligó a casi tumbarse sobre mÃ. De paso expuso su trasero para goce de Paco que, sin pensarlo dos veces, se la metió de una tacada. Ahora éramos dos los que gemÃamos al sentir nuestros culos llenos de polla. Como horas antes, acompasaron los ritmos de tal manera que yo creÃa sentir los apretones del más joven a través de su hermanito. Mi placer ya era colosal, pero los otros dos disfrutaban todavÃa más, a juzgar por sus expresiones. Al cabo de unos minutos el mayor se vino soltando trallazos de leche en mi interior. Noté el primer chorro fluyendo por dentro de mi intimidad, llenando los huecos ante la imperial tranca que me taladraba.
Gritó como una loca pero Paco continuaba sus quehaceres apretando tranquilamente. Rubén, al que se le aflojaba el miembro todavÃa metido en mi culito me besó en la boca ávidamente mientras se corrÃa por segunda vez, sólo que ahora lo hizo por el culo, como yo poco antes. Gimoteaba pidiendo más ración de pene a lo que el otro contestaba con emboladas cada vez más rápidas y profundas. IncreÃblemente, el nabo de Rubén volvió a tomar dureza dentro de mi ano. Otra vez culebreaba por mi culo mientras Paco terminó soltando su carga lechera entre grititos y palabras obscenas. Éste sà se retiró del agujero que ocupaba, no como su hermano que volvÃa a darme, y acercó su pene a mi boca para que se lo limpiase.
SolÃcita, me presté a ello tragándomelo y sorbiendo los hilillos que colgaban cuando el muy grosero soltó entre risas otro trallazo que casi me ahoga. Tragué parte del precioso lÃquido reservándome un poco para el mayor, al que se lo di en un beso sin que dejase de perforarme. ParecÃa que iba a salirme por la espalda de lo duro que me daba. Paco lo animaba a la vez que paseaba su tranca ahora morcillona por entre mis labios. Rubén seguÃa enchufándome como un animal salvaje cuando volvió a jadear pero ahora la sacó rápidamente y su hermano intentó recoger la poca lefa que soltó esta vez, aunque con poco éxito, ya que casi toda cayó junto a mi pene.
A todo esto, atinaron en la hinchazón que todavÃa presentaba mi polla y decidieron hacer algo al respecto. Entre los dos, comenzaron a mamármela. Uno sorbÃa mis bolas y llegaba hasta el ano con su viperina lengua, mientras el otro tragaba el palo erecto. Por supuesto, con semejante tratamiento no tardé nada en correrme, cosa que celebró el mayor de los hermanos, ya que le correspondió casi toda la ración. Agotados ya, volvimos a dormirnos.
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